“EL ARTE ES AZUL”
El modernismo es una forma de ver el mundo, aunque de origen francés, en Hispanoamérica tomó un camino propio y se convirtió en una escuela literaria diferente y original.
-El siglo XX amanece en el apogeo de la industrialización, y con ella llega un nuevo estilo de vida. La demanda de artículos de lujo y, sobre todo, el afán de diversión, habían crecido. Con el triunfo de la burguesía nada era demasiado suntuoso ni caro: lo nuevo es siempre mejor. La competencia comercial se acentuó y los industriales se vieron obligados a cambiar los diseños de sus productos constantemente. Lo que hoy era moda, mañana ya no lo sería.
- El mundo occidental vivía la Bella Época y Paris era el centro de este edén. La Ciudad Luz albergaba la ópera y la opereta, los bailes con nuevos ritmos, las exposiciones universales, los grandes almacenes y los placeres caros. Por todos lados surgían nuevos teatros, hoteles, mercados, tiendas y grandes bulevares.
- El visitante de la urbe seductora podía sentarse en un café de los Campos Elíseos y distraerse un bun rato jugando a descubrir la ocupación del transeúnte, con sólo reconocer su sombrero: ¿Trae bombín?, sin duda es un comerciante; ¿lleva fieltro blando?, entonces es abogado; el banquero se aproxima con sombrero de copa; aquel hombre fornido es obrero: su gorra lo delata. Después de caminar por el recién inaugurado puente Alejandro III, el forastero puede caer en la tentación de abordar el metro, aunque la esposa le haya advertido: “¡Ni se te ocurra bajar a ahogarte en esos túneles: es más seguro tomar un carro de caballos!”. Pero era imposible estar en Paris y no conocer el tren subterráneo. Sus anécdotas del viaje incluirían la aventura de transitar debajo de la superficie. Además, podría referir la curiosa leyenda de la placa que conmemora el inicio de este transporte colectivo: “Jovis erepto fulmine, per inferna, vehitur Pronmethei genus”, que en buen romance quiere decir: “El rayo arrebatado a Júpiter transporta, a través de los infiernos, a la raza de Prometeo” .
- La Bella Época, además de lujo y sofisticación, generó una corriente innovadora en las artes. Fue el momento determinante del impresionismo, un nuevo movimiento artístico gracias al cual Édouard Manet, Edgar Degas, Claude Monet, Auguste Renoir y otros pintores franceses lucharon contra el academicismo entonces decadente. Pintaban al óleo, ya no en un estudio cerrado, sino al aire libre, dando mayor importancia a la espontaneidad y a la inmediatez del registro de la naturaleza. Los temas que trataron no fueron tampoco los consagrados por la Academia, su pincel captaba la vida urbana de Paris, las faenas campesinas, los ensayos de ballet, la clase obrera, la mujer moderna. Susa óleos despertaban la sensación de ser difusos o de estar inacabados.
- América tenía los ojos puestos en Francia. Los latinoamericanos leían a los poetas galos; estaban al tanto de la moda, escribían crónicas ala estilo parisiense, Muchas ciudades eran remozadas para darles un aire francés: así nacieron las mansiones y los edificios art nouveau.
- La Ciudad luz era el sueño de todo artista, la inspiración de todo pintor, la fantasía de todo hombre rico. Con gran admiración por Francia nació la escuela literaria llamada modernismo. Este movimiento presentó, en su primera etapa, claras influencias francesas. Su tono: pesimista, rebelde, individualista: atraído por lo oscuro, lo raro, lo extravagante. La experimentación en la métrica lo lleva a una nueva musicalidad, que reanuda la tradición española de la versificación irregular. Su figura central fue el nicaragüense Rubén Darío, “El arte es azul”, frase del escritor francés Víctor Hugo, inspiró el título del libro de poemas y narraciones de Rubén Darío, Azul (1888), publicación con la que da inicio el modernismo.
- Azul sorprendió a la crítica europea. Su autor denotaba un gran conocimiento de la literatura griega; los textos tenían un fuerte sabor moderno y la visión del mundo que proyectaba era europea.
- Juan Valera, escritor español, después de una embocinada lectura, le escribe a Darío: “…en los perfiles, en los refinamientos, en las exquisiteces del pensar y del sentir del autor hay tanto de francés, que yo forjé la historia a mi antojo para explicármelo. Supuse que el autor había ido a estudiar…que en París había vivido seis o siete años con artistas, literatos, sabios y mujeres alegres de por allí, y que mucho de lo que sabe lo había aprendido de viva voz, y empíricamente con el trato y roce de aquellas personas. Imposible me parecía que de tal manera se hubiese impregnado el autor del espíritu parisiense novísimo sin haber vivido en París durante años”
- Extraordinaria fue la sorpresa de Valera cuando supo que Rubén Darío nunca había ido a París y que su única salida al extranjero había sido a Chiles, donde residía. ¿Cómo, sin el influjo del ambiente, había asimilado todos los elementos del espíritu francés? Tal era la virtud del artista del modernismo: ascender de la realidad para crear otra, salida de su imaginación, cuya dimensión es puramente estética.
- La idea del modernismo no puede disociarse del valor del tiempo: aparece cuando fenece un siglo. A esta crisis llamada fin de siecle (fin de siglo) se referían los que intentaban diagnosticar la trayectoria del arte contemporáneo. La inadaptabilidad de la burguesía y la exaltación del individualismo estimulaban actitudes evasivas del hombre, que se perdía por el camino del arte, de la música o de la literatura.
- La naturaleza bohemia del artista se enfrentaba con una sociedad que todo o media con la vara del dinero; entonces, el creador propugnó el principio del arte por el arte. El modernismo fue un canto nostálgico, apasionado y sentimental, a lo efímero y lo fugaz. Una de sus manifestaciones más notables se dio en la arquitectura y en las artes aplicadas, que revalorizan las artesanías frente al mundo de la máquina y la producción industrial. En arquitectura, se manifiesta el gótico como elemento esencial del romanticismo y se añaden, por su exotismo, detalles islámicos o japoneses.
- Barcelona es la Meca de la expresión arquitectónica modernista; la bella ciudad española resplandeció con la creatividad de Antonio Gaudí, que, dotado de una imaginación portentosa, se anticipó a corrientes vanguardistas. Esta Bella Época elevó por las nubes a una generación orgullosa y hedonista. Por desgracia el sueño duró poco: La conmoción que sufren los países europeos en 1914 la obligó a poner los pies sobre la tierra.
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El Castillo de Gaudí
El modernismo es una forma de ver el mundo, aunque de origen francés, en Hispanoamérica tomó un camino propio y se convirtió en una escuela literaria diferente y original.
-El siglo XX amanece en el apogeo de la industrialización, y con ella llega un nuevo estilo de vida. La demanda de artículos de lujo y, sobre todo, el afán de diversión, habían crecido. Con el triunfo de la burguesía nada era demasiado suntuoso ni caro: lo nuevo es siempre mejor. La competencia comercial se acentuó y los industriales se vieron obligados a cambiar los diseños de sus productos constantemente. Lo que hoy era moda, mañana ya no lo sería.
- El mundo occidental vivía la Bella Época y Paris era el centro de este edén. La Ciudad Luz albergaba la ópera y la opereta, los bailes con nuevos ritmos, las exposiciones universales, los grandes almacenes y los placeres caros. Por todos lados surgían nuevos teatros, hoteles, mercados, tiendas y grandes bulevares.
- El visitante de la urbe seductora podía sentarse en un café de los Campos Elíseos y distraerse un bun rato jugando a descubrir la ocupación del transeúnte, con sólo reconocer su sombrero: ¿Trae bombín?, sin duda es un comerciante; ¿lleva fieltro blando?, entonces es abogado; el banquero se aproxima con sombrero de copa; aquel hombre fornido es obrero: su gorra lo delata. Después de caminar por el recién inaugurado puente Alejandro III, el forastero puede caer en la tentación de abordar el metro, aunque la esposa le haya advertido: “¡Ni se te ocurra bajar a ahogarte en esos túneles: es más seguro tomar un carro de caballos!”. Pero era imposible estar en Paris y no conocer el tren subterráneo. Sus anécdotas del viaje incluirían la aventura de transitar debajo de la superficie. Además, podría referir la curiosa leyenda de la placa que conmemora el inicio de este transporte colectivo: “Jovis erepto fulmine, per inferna, vehitur Pronmethei genus”, que en buen romance quiere decir: “El rayo arrebatado a Júpiter transporta, a través de los infiernos, a la raza de Prometeo” .
- La Bella Época, además de lujo y sofisticación, generó una corriente innovadora en las artes. Fue el momento determinante del impresionismo, un nuevo movimiento artístico gracias al cual Édouard Manet, Edgar Degas, Claude Monet, Auguste Renoir y otros pintores franceses lucharon contra el academicismo entonces decadente. Pintaban al óleo, ya no en un estudio cerrado, sino al aire libre, dando mayor importancia a la espontaneidad y a la inmediatez del registro de la naturaleza. Los temas que trataron no fueron tampoco los consagrados por la Academia, su pincel captaba la vida urbana de Paris, las faenas campesinas, los ensayos de ballet, la clase obrera, la mujer moderna. Susa óleos despertaban la sensación de ser difusos o de estar inacabados.
- América tenía los ojos puestos en Francia. Los latinoamericanos leían a los poetas galos; estaban al tanto de la moda, escribían crónicas ala estilo parisiense, Muchas ciudades eran remozadas para darles un aire francés: así nacieron las mansiones y los edificios art nouveau.
- La Ciudad luz era el sueño de todo artista, la inspiración de todo pintor, la fantasía de todo hombre rico. Con gran admiración por Francia nació la escuela literaria llamada modernismo. Este movimiento presentó, en su primera etapa, claras influencias francesas. Su tono: pesimista, rebelde, individualista: atraído por lo oscuro, lo raro, lo extravagante. La experimentación en la métrica lo lleva a una nueva musicalidad, que reanuda la tradición española de la versificación irregular. Su figura central fue el nicaragüense Rubén Darío, “El arte es azul”, frase del escritor francés Víctor Hugo, inspiró el título del libro de poemas y narraciones de Rubén Darío, Azul (1888), publicación con la que da inicio el modernismo.
- Azul sorprendió a la crítica europea. Su autor denotaba un gran conocimiento de la literatura griega; los textos tenían un fuerte sabor moderno y la visión del mundo que proyectaba era europea.
- Juan Valera, escritor español, después de una embocinada lectura, le escribe a Darío: “…en los perfiles, en los refinamientos, en las exquisiteces del pensar y del sentir del autor hay tanto de francés, que yo forjé la historia a mi antojo para explicármelo. Supuse que el autor había ido a estudiar…que en París había vivido seis o siete años con artistas, literatos, sabios y mujeres alegres de por allí, y que mucho de lo que sabe lo había aprendido de viva voz, y empíricamente con el trato y roce de aquellas personas. Imposible me parecía que de tal manera se hubiese impregnado el autor del espíritu parisiense novísimo sin haber vivido en París durante años”
- Extraordinaria fue la sorpresa de Valera cuando supo que Rubén Darío nunca había ido a París y que su única salida al extranjero había sido a Chiles, donde residía. ¿Cómo, sin el influjo del ambiente, había asimilado todos los elementos del espíritu francés? Tal era la virtud del artista del modernismo: ascender de la realidad para crear otra, salida de su imaginación, cuya dimensión es puramente estética.
- La idea del modernismo no puede disociarse del valor del tiempo: aparece cuando fenece un siglo. A esta crisis llamada fin de siecle (fin de siglo) se referían los que intentaban diagnosticar la trayectoria del arte contemporáneo. La inadaptabilidad de la burguesía y la exaltación del individualismo estimulaban actitudes evasivas del hombre, que se perdía por el camino del arte, de la música o de la literatura.
- La naturaleza bohemia del artista se enfrentaba con una sociedad que todo o media con la vara del dinero; entonces, el creador propugnó el principio del arte por el arte. El modernismo fue un canto nostálgico, apasionado y sentimental, a lo efímero y lo fugaz. Una de sus manifestaciones más notables se dio en la arquitectura y en las artes aplicadas, que revalorizan las artesanías frente al mundo de la máquina y la producción industrial. En arquitectura, se manifiesta el gótico como elemento esencial del romanticismo y se añaden, por su exotismo, detalles islámicos o japoneses.
- Barcelona es la Meca de la expresión arquitectónica modernista; la bella ciudad española resplandeció con la creatividad de Antonio Gaudí, que, dotado de una imaginación portentosa, se anticipó a corrientes vanguardistas. Esta Bella Época elevó por las nubes a una generación orgullosa y hedonista. Por desgracia el sueño duró poco: La conmoción que sufren los países europeos en 1914 la obligó a poner los pies sobre la tierra.
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