J. Edgar
Clint Eastwood, EUA, 2011
Por Pablo Castriota
Las películas biográficas –conocidas también como biopics- no son un fenómeno para nada nuevo en Hollywood, pero resulta fácil advertir que en la última década cobraron una relevancia notable, despertando el interés de las majors y ocupando un lugar de privilegio en categorías y ternas académicas por las cuales productores, directores y actores se refriegan las manos. El género tiende a deparar prestigio y recaudación en proporciones similares, debido a que el compendio de desgracias, tragedias y desdichas alternadas con triunfos y logros artísticos, deportivos o políticos sigue siendo un combo irresistible para muchos espectadores anónimos. Para los actores, las biopics representan una oportunidad inmejorable de alzarse con algún preciado galardón, a través de esforzados y metódicos tours de force interpretativos, sin que podamos discernir tan claramente si el premio que les otorgan a posteriori les corresponde a su performance o al atractivo que despierta en los jurados la celebrity a la que supieron personificar. Con las correspondientes dosis de maquillaje y prótesis faciales, casi cualquier actor presentable de Hollywood sabe que cuenta con un número nada desdeñable de chances para alzarse con este reconocimiento. Solo limitándonos a esta última década, podemos mencionar que por esta prolífica alfombra de celebrities de vida tortuosa han sabido desfilar Edith Piaf, Truman Capote, Johnny Cash, Ray Charles, el Che Guevara, Adolph Hitler, Howard Hughes, la Reina Isabel, Margaret Tatcher, así como también algunos héroes anónimos que supieron condensar en una misma vida amaneceres y ocasos, desparramando en el camino lecciones de vida y moralejas en abundancia.
Basada en un muy preciso guión de Dustin Lance Black (Milk, de Gus Van Sant), J. Edgar va alternando con fluidez los acontecimientos de los últimos años de vida del funcionario (un Di Caprio brillante, en uno de los mejores papeles de su carrera), dedicando sus esfuerzos a la redacción de su propia versión de la historia, edificando su propio relato, y la reconstrucción de varios de los eventos que lo situaron en el centro de la toma de decisiones sobre la seguridad interna del país más poderoso del mundo mediante un control obsesivo, donde Hoover no dejó afuera tampoco a los primeros mandatarios de la nación, a través de la confección de unos archivos secretos que detallaban intimidades y hechos comprometedores de los funcionarios más importantes del país y que supieron representar el terror de varios de ellos a lo largo de sus gestiones.
Confiado en su habitual clasicismo inoxidable que lo consolida como el last man standing de su generación, Clint Eastwood terminó por dar forma a la que probablemente sea la más emocionante historia de amor queer que nos haya entregado Hollywood en las últimas décadas, por lo impensado del núcleo que la conforma, por el enorme talento desplegado por la dupla actoral protagónica y por el adecuado pudor cinematográfico que el último de los mohicanos clásicos supo brindarle en su tratamiento, combinando impensadamente a Orson Welles con Douglas Sirk en el proceso, aunque con mucha más austeridad formal que la de aquellos dos grandes realizadores.
Trailer:
Ficha técnica
J. Edgar EUA, 2011
Dirección: Clint Eastwood
Guion: Dustin Lance Black
Producción: Clint Eastwood, Brian Grazer, Ron Howard, Robert Lorenz
Fotografía: Tom Stern
Montaje: Joel Cox y Gary Roach
Banda de Sonido: Clint Eastwood
Diseño de Producción: James Murakami
Interpretación: Leonardo DiCaprio, Judi Dench, Naomi Watts, Armie Hammer, Josh Lucas
J. Edgar EUA, 2011
Dirección: Clint Eastwood
Guion: Dustin Lance Black
Producción: Clint Eastwood, Brian Grazer, Ron Howard, Robert Lorenz
Fotografía: Tom Stern
Montaje: Joel Cox y Gary Roach
Banda de Sonido: Clint Eastwood
Diseño de Producción: James Murakami
Interpretación: Leonardo DiCaprio, Judi Dench, Naomi Watts, Armie Hammer, Josh Lucas
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